Como colombiano y como contribuyente me opongo a que, con parte de mis impuestos, se le pague el sueldo a una senadora que no está defendiendo los intereses de la patria y que por el contrario está atentando contra la soberanía del pueblo que la eligió. Cuando la señora Piedad Córdoba insiste en que el gobierno actual se debe abatir porque es de origen mafioso, implícitamente está apoyando a un gobierno extranjero que busca el poder continental y calificando a la mayoría que votó por Álvaro Uribe, como grupo delincuencial, para instigar más el terrible escarnio de país de narcotraficantes, con el que los colombianos honestos hemos tenido que sobrevivir por culpa de una minoría que trafica con droga y entre la cual se encuentra indiscutiblemente, ese grupo que la senadora defiende.
Estoy de acuerdo con la discrepancia de las ideas, porque ella es el fruto de las diferencias naturales que tenemos los seres pensantes, pero no estoy de acuerdo con el aprovechamiento de una democracia para, al amparo de sus libertades, consentir el delito disfrazándolo de ideología.
Cuando la senadora de marras invoca a Bolívar para justificar su simpatía por el megalómano venezolano que se cree su sucesor, está demostrando que la Historia Patria fue una de las materias de su escuela donde menos afortunada estuvo. Bolívar nunca secuestró, ni colocó explosivos en los sitios públicos, ni atentó contra la vida de su pueblo, ni extorsionó, ni comerció con alucinógenos. Bolívar luchó contra un enemigo foráneo, guardando siempre las reglas de la guerra.
Uno no puede autodenominarse bolivariano para justificar el odio hacia los Estados Unidos y con esa declaración creerse con patente de corso para apoyar a un grupo terrorista, más narcotraficante que político, y por ahí descalificar a un gobierno democrático, y elegido, así no le guste a algunos, por una mayoría nunca antes vista en la urnas de Colombia.